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TORSION GASTRICA (torsión de estómago) La dilatación
gástrica -vólvulo (DGV), también llamada por el nombre
de bloat (hinchamiento) o torsión gástrica o de estómago,
es una condición canina que puede suponer una amenaza para la vida
del animal y que está asociada con una distensión aguda
del estómago y la posibilidad de torsión por el eje del
mismo. Los procesos clínicos resultantes se encuentran entre los
más complejos y difíciles a los que se tiene que enfrentar
el veterinario. Desafortunadamente, la causa de esta enfermedad no se
ha podido todavía determinar de forma concluyente, a pesar de las
excelentes investigaciones que se han realizado recientemente en la materia.
POSIBLES CAUSAS DE LA TORSION Predisposición
genética. Es difícil determinar si la genética desempeña o no un papel en el desarrollo de esta enfermedad. Cierto es que se ha observado una mayor incidencia de la DGV en algunas líneas que en otras, dentro de una misma raza, pero no es menos cierto que estos perros suelen pertenecer a un mismo propietario o viven en condiciones similares, con lo que es difícil separar los aspectos genéticos de los medioambientales. Igualmente difícil de determinar es la importancia de la ingestión excesiva de alimentos o agua. Es fácil imaginar que si el perro come excesivamente, creará esfuerzos sobre cualquier ligamento debilitado; no obstante, ningún intento de provocar la DGV en perros normales por la ingestión excesiva de alimentos o agua ha dado hasta ahora resultado. Claro está que los perros normales no presentan ligamentos debilitados. Al no encontrar ninguna conexión dietética relacionada con los hábitos alimenticios, los investigadores han centrado su atención en la posibilidad de problemas internos en estos perros, por ejemplo, contracciones débiles de los músculos del estómago o hiperactividad hormonal. ¿Dónde nos sitúa todo esto?. Se han aportado varias recomendaciones en cuanto a la manera de evitar la DGV, que han sido aceptadas de forma bastante general. RECOMENDACIONES: En el caso de razas grandes, la ración diaria de comida se debe dividir en dos o tres veces, con el fin de reducir el volumen ingerido en cada ocasión. Los propietarios de razas proclives deben estar al tanto de los primeros indicios de DGV y consultar inmediatamente con su veterinario en caso de sospechar la presencia de la enfermedad. El perro debe disponer de agua en todo momento, pero ésta deberá limitársele después de las comidas en los casos de perros con tendencia a consumir líquido en exceso. Se limitará el ejercicio del perro una hora antes y dos horas después de las comidas. Los perros proclives se deberán alimentar por separado y en un ambiente tranquilo, al objeto de evitar que traguen excesivo aire con la comida. Mientras
no se conozcan las causas exactas de la DGV y se puedan identificar los
perros susceptibles de padecer este problema, la mejor forma de reducir
el riesgo será el correcto manejo de la alimentación. No
se trata de un método 100% efectivo, pero sí puede reducir
el número de perros afectados por una enfermedad seria que podría
incluso causar su muerte. |
Recurra siempre a su veterinario